Para enseñar a leer hay multitud de métodos, normas, pautas…, en cambio aprender a leer es un proceso mágico, individual e intransmisible. Cuando ese camino comienza desde el propio interés, sin presiones ni límites de tiempo, se abre un mundo de posibilidades que no puede dejarse sin explorar. Por fin, hemos descubierto las reglas del código de los mayores y sirven para todo: para tonterías como saber qué hay escrito en la caja de cereales o cosas serias de verdad como saber qué dice Spiderman en los cómics.

El código está por todas partes y la inquietud de nuestros hijos por conocerlo se despierta en cualquier momento. En infantil, hay muchos niños que piden a su acompañante que escriba una carta a su papá o a su mamá. Dictan lo que quieren decir y luego cuando llegan a casa y les leen exactamente aquello que ellos dijeron se quedan alucinados. Aquí pasa algo importante… —deben pensar. Puede que mañana sea más importante desenterrar el tesoro del arenero, pero, sin duda, llegará el día en que su necesidad sea aprender a leer. Por eso hay que estar preparados y darles las herramientas adecuadas.

En Andolina hay un sinfín de instrumentos preparados para cuando ese momento llegue. Desde los materiales Montessori, juegos, la mediateca, la imprenta. Y también varias actividades diarias que invitan a la lectura y a la escritura, por ejemplo:

  • En la asamblea se escribe el día del mes y de la semana.
  • Los niños deben apuntarse a los talleres en los que quieren participar, aquellos que ya saben, lo hacen escribiendo su nombre.
  • Si quieren reservar un espacio deben redactar una hoja informativa que leerán en cada aula.
  • Todos los días, después del almuerzo, un acompañante les narra un cuento.

Pero la necesidad va más allá y desde el año pasado existe un taller de lecto-escritura donde se dan las claves concretas que cada niño pide. Cada uno busca su propio método, lo que en cada momento le parece más interesante y, a partir de ahí, a construir.

Es fantástico lo que pasa ahora en el aula Caracol. Un grupo de niñas echan la mañana jugando a leer y a escribir. Y de eso se trata, de jugar y aprender, en el momento en el que estén preparados, con la ayuda y el acompañamiento que necesiten, por la felicidad que eso les genera.

Una vez más la confianza en nuestros hijos es fundamental. No tengamos prisa. Dejémosles hacer y, como tantas veces, quedemos asombrados.